noviembre 30, 2023 9:32 pm
“Ocupación de territorio palestino debe cesar por parte de Israel”: senadora Clara López. La historia de una ocupación ilegal

“Ocupación de territorio palestino debe cesar por parte de Israel”: senadora Clara López. La historia de una ocupación ilegal

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Telegram
Email

TSC /

El histórico conflicto del Medio Oriente entre Israel y el martirizado pueblo palestino no tiene visos de solución, mientras el gobierno del Estado sionista respaldado férreamente por Estados Unidos deje de despojar y ocupar los territorios del Estado de Palestina.

Los acontecimientos que conmueven hoy a Israel y Palestina que lamentablemente no sorprenden con su  saldo trágico de víctimas generan dolor y estupor.

Al menos 400 muertos en ataques entre Israel y Hamas

En su acción de autodefensa las Brigadas Al-Qassam, brazo armado de la organización islamista Hamás anunció este sábado 6  octubre el inicio de la Operación ‘Diluvio de Al Aqsa’ disparando miles de cohetes y proyectiles contra los asentamientos ilegales de los israelíes  y sitios de ocupación alrededor de la Franja de Gaza, en respuesta a los ataques contra el pueblo palestino.

La sorprendente acción de la resistencia palestina, como lo han señalado reiteradamente sus voceros, busca hacer justicia al tantas veces ofendido y profanado sitio sagrado de musulmanes y cristianos, invadido por tropas sionistas y judíos ultra ortodoxos, que hoy ocupan posiciones claves en el gobierno del primer ministro Benjamin Netanyahu.

Obviamente la respuesta de Israel no se hizo esperar y respondió con ataques aéreos masivos en el interior de un enclave costero, matando a 232 palestinos e hiriendo a mil más, al tiempo que prometió represalias sin precedentes.

Los combates en la franja de Gaza han dejado como saldo hasta las primeras horas de la noche del sábado 6 de octubre alrededor de 400 muertos entre palestinos e israelíes y 1700 personas con heridas de distinto grado.

Ante el escalamiento de este conflicto, la senadora del Pacto Histórico, Clara López Obregón, sostuvo desde su cuenta de Twitter que “la ocupación del territorio palestino por parte de Israel debe cesar”.

Un conflicto de origen bíblico

Algunos historiadores sitúan el origen del conflicto israelí-palestino en mayo de 1948 cuando en Tel Aviv se proclama la Declaración de Independencia de Israel, coincidiendo con la finalización legal del Mandato británico de Palestina. Tal declaración se realizó tras haberse aprobado un año antes en la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU) el denominado Plan de Partición de Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío. Aceptado por la comunidad judía y rechazado por los árabes. Sin embargo la génesis de la disputa viene desde tiempos bíblicos.

En efecto, relata la Biblia que el patriarca Abraham y su esposa Sara no podían concebir. Ante el riesgo de quedar sin descendencia, Abraham tomó a Agar y con ella concibió a un niño al que llamaron Ismael. Pero dios le anunció al profeta que Sara concebiría que él como sus hijos heredarían de forma perpetua la tierra de Canaan. Sara dio a luz a un niño al que le dieron el nombre de Isaac.

De esta manera, Ismael se convirtió en el padre del pueblo árabe, mientras que Isaac del pueblo judío. Visto así el contexto, este conflicto es una guerra fratricida entre dos pueblos hermanos, bendecidos ambos por un mismo dios.

Por más de cinco mil años, los líderes de unos y otros, en una suerte de amnesia selectiva se han empeñado en utilizar la violencia y convencer a sus respectivos pueblos que ésta es la única forma de sobrevivir y utilizan su trágica historia como combustible para mantener el odio y la voluntad de destruir al otro aun a costa de aniquilarse mutuamente y destruir de paso la “tierra prometida”.

Palestinos se rebelan contra matanza cotidiana de su pueblo

A 75 años de la implantación del denominado “Estado sionista”, los palestinos se vuelven a sublevar contra la ilegal ocupación de sus territorios. Se rebelan contra la matanza cotidiana de niños, jóvenes, mujeres y ancianos.

El sionismo es una ideología y un movimiento político nacionalista que desde sus inicios planteó el establecimiento de un Estado para el pueblo judío, ​ preferentemente en la antigua Tierra de Israel, invadiendo territorio palestino. ​ Dicho movimiento fue el promotor y responsable en gran medida de la fundación del Estado de Israel. Su fundador en tanto que movimiento organizado fue el periodista austro-húngaro de origen judío Theodor Herzl.

Israel convertido en un Estado que es enclave de Estados Unidos en Medio Oriente ha hostilizado brutalmente al pueblo palestino y aprovechando su superioridad bélica se ha ido apropiando desvergonzadamente de sus territorios.

El palestino es un pueblo encarcelado que se alza en pie de guerra contra el brutal “apartheid” sionista, la limpieza étnica, el exterminio cotidiano. Y no lo dice un fanático extremista, un simpatizante de la violencia. Al contrario, son los amantes de la paz que llevan decenios reclamando una convivencia justa y duradera, basada en el derecho internacional y las resoluciones de Naciones Unidas.

Han sido Israel y sus patrocinadores, en especial Estados Unidos, quienes burlan la legalidad, los propios acuerdos sellados en Camp David, Oslo o la Casa Blanca. Y se ríen, o miran hacia otro lado, cuando defensores de los derechos humanos presentan la lista de violaciones cometidas contra el pueblo palestino bloqueado en Gaza, sitiado por aire, mar y tierra; o la población de las ocupadas Cisjordania y Jerusalén, cercadas por muros de concreto, reprimida a diario por miles de soldados y colonos sionistas que utilizan “puestos de control militar” para balear, asesinar, encarcelar hasta podrirse en mazmorras sin juicios ni defensa justa, sujetos a reglas del invasor. Y esa vil situación la calificó de “apartheid” el expresidente de Estados Unidos, James Carter, en un documentado libro, hace muchos años, avergonzado de lo que vio con sus propios ojos.  De ahí la inevitable rebelión palestina.

La Operación ‘Diluvio de Al Aqsa’ que estalló este 6 de octubre, cuando la soberbia sionista pretendía apretar los cerrojos de la cárcel palestina –por orden policial- para celebrar a sus anchas la pretendida victoria militar en la que los israelíes llaman Guerra de Yom Kipur, la de 1973, cuando también fueron sorprendidos por los Ejércitos egipcio y sirio, y librados del fracaso por el apoyo de Washington y sus aliados occidentales.

Historia de una ocupación ilegal por parte de Israel

La ocupación israelí a territorio palestino se inició en los años cuarenta, cuando la organización islámica Hamás no existía, pues fue fundada en 1987. En 2001 lanzó su primer cohete, 53 años después del inicio de la ocupación, expulsión y discriminación contra los palestinos.

La periodista española Olga Rodríguez en el siguiente relato parte del hecho de que este conflicto es la historia de una ocupación ilegal por parte de Israel y de unas políticas discriminatorias que suponen, de facto, un apartheid contra la población palestina. Así lo han denunciado este organizaciones como la estadounidense Human Rights Watch o la israelí de derechos humanos B’tselem. Por eso centrar el foco exclusivamente en Gaza es contar solo una de las partes de ese mal llamado conflicto.

Efectos letales de los criminales ataques de Israel al martirizado pueblo palestino.

Gaza es el escenario escogido por Israel para escenificar el enfrentamiento y el castigo. Es el centro donde muestra sus golpes aleccionadores. Es el lugar donde pretende que todo el mundo mire, para poder reducir la realidad a una máxima que viene a decir algo así: lo único que hacemos es luchar contra Hamás, que es una organización terrorista que tiene que ser bombardeada porque desarrolla proyectiles que matan a civiles. Con ello Israel pretende justificar lo injustificable: sus masacres de civiles, menores incluidos, sus castigos colectivos contra viviendas y centros de prensa.

La asimetría es incuestionable. Según datos de Naciones Unidas, desde 2008 hasta 2020 hay 5.590 palestinos muertos por ataques israelíes y 115.000 heridos. En el mismo periodo hubo 251 muertos israelíes por ataques palestinos y 5.600 heridos. Entre 2000 y 2014 el 87  % de los muertos fueron palestinos y el 13 % israelíes, según datos de B’tselem.

Inicio de la ocupación

Hay una célebre frase de la que fuera primera ministra israelí, Golda Meir: “No existe el pueblo palestino. Esto no es como si nosotros hubiéramos venido a ponerles en la puerta de la calle y apoderarnos de su país. Ellos no existen”. “Una tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra” es una vieja premisa que parte de negar la existencia del pueblo palestino que habitaba y habita esas tierras desde hace muchos siglos.

En los años 40 del siglo XX se crearon organizaciones terroristas que se definían a sí mismas como judías, con el objetivo de terminar con el mandato británico sobre Palestina y de adquirir terrenos pertenecientes a los palestinos. Para ello planearon numerosos atentados, como el que asesinó al primer mediador en la zona de Naciones Unidas, el diplomático sueco Folke Bernadotte o el perpetrado contra el hotel King David, donde murieron 92 personas, entre ellas 28 británicas.

En los años 40 la mayoría de la gente que poblaba Palestina eran palestinos, árabes, junto con una pequeña comunidad judía que llevaba siglos habitando la zona y con miles de judíos europeos sionistas que fueron llegando desde finales del siglo XIX, a menudo huyendo de las persecuciones, y en busca de un territorio propio. Estos obtuvieron a menudo apoyo del protectorado británico, que veía con buenos ojos la idea sionista de una nación judía en Palestina.

La escalada de violencia entre israelíes y palestinos deja decenas de muertos en la franja de Gaza.

Esa idea de un país propio no se materializaría hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando decenas de miles de judíos procedentes de diferentes lugares del planeta llegaron para construir el Estado judío. Muchos habían sobrevivido al Holocausto. Tal ocupación de territorio ajeno desembocó en la creación del Estado israelí en 1948, aceptado por unas Naciones Unidas con un enorme sentimiento de culpa por lo ocurrido durante la Segunda Guerra Mundial. Ese Estado fue diseñado por la ONU a través de un plan de partición que asignaba el 54 % de Palestina a la comunidad judía (llegada la mayoría tras el Holocausto) y el resto, a los palestinos. Jerusalén quedaba como enclave internacional.

Limpieza étnica contra la población palestina

Pero ya antes de la creación del Estado israelí las fuerzas armadas clandestinas judías –así se autodenominaban– ocuparon territorios palestinos que la ONU no les había asignado. Para ello expulsaron a miles de palestinos y asesinaron a cientos, a través del llamado Plan Dalet, que perseguía el control de la vía que unía Jerusalén con Tel Aviv. Aquello fue una limpieza étnica, definida como tal incluso por historiadores israelíes como Ilan Pappé, con el propósito de levantar un Estado de mayoría judía.

Las masacres perpetradas en Deir Yassin o Tantura son ejemplo de ello. Como ha escrito el historiador israelí sionista Benny Morris, “con la suficiente perspectiva resulta evidente que lo que se produjo en Palestina en 1948 fue una suerte de limpieza étnica perpetrada por los judíos en las zonas árabes”. Varias aldeas palestinas fueron destruidas y el camino a Tel Aviv quedó en manos israelíes.

Después, cuando en mayo del 48 se anunció la creación de Israel, las naciones árabes vecinas declararon la guerra al nuevo país, temerosas de que éste pretendiese perseguir un sueño que sigue estando en la mente de parte del sionismo actual: el de constituir el Gran Israel, anexionándose territorios pertenecientes a Egipto, la Transjordania de entonces o Siria. También pensaron los países vecinos que si Israel podía ocupar territorio palestino, ¿por qué ellos no?

En aquella guerra del 48 las fuerzas israelíes, superiores en fuerza y en capacidad estratégica, aprovecharon para ocupar más espacio y expulsar a cientos de miles de palestinos. De ese modo Israel pasó de tener el 54 % de territorio asignado por la ONU a disponer del 78 %. Más de 700.000 palestinos fueron expulsados de sus tierras entre 1947 y 1948.

Posteriormente, en la Guerra de los Seis Días en 1967 Israel ocuparía el 22 % del territorio restante: Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, originando nuevas masas de refugiados. También se anexionó ilegalmente el Sinaí egipcio y los Altos del Golán sirios. A día de hoy viven en Cisjordania más de 450.000 colonos judíos.

Leyes para la ocupación

Tras la guerra del 48 muchos palestinos intentaron regresar a sus hogares, pero las tropas israelíes se lo impidieron, a pesar de que en diciembre de 1948 Naciones Unidas aprobó la Resolución 194, incumplida hasta el día de hoy, confirmada en repetidas ocasiones y ratificada en la Resolución 3236 de 1974, que establecía el derecho de los refugiados a regresar a sus hogares o a recibir indemnizaciones.

Muchos de los palestinos que hoy en día viven en Gaza son refugiados, expulsados o descendientes de los expulsados en 1948. Sólo pudieron permanecer dentro de Israel, en muchos casos como desplazados, unos 150.000 palestinos, el 15 % de la población, que en 1952 accedió a la ciudadanía. Son los llamados árabes israelíes.

Traspaso de viviendas de palestinos a judíos

Para que Israel pudiera ser un Estado de mayoría judía el primer Gobierno, con David Ben Gurion como primer ministro, organizó la recolonización de las tierras y la gestión de los llamados bienes inmuebles “abandonados”. Para ello aprobó en 1950 la Ley de Bienes Ausentes, que gestionó el traspaso a manos judías de las viviendas de palestinos, no sólo de quienes habían sido expulsados fuera de las fronteras israelíes, sino también de aquellos que fueron reubicados dentro de las fronteras del Estado israelí.

También se aprobaron otras leyes que prohibieron la venta o transferencia de tierras para garantizar que no cayeran en manos palestinas, y que permitían decretar la expropiación de bienes por interés público o declarar una superficie como “zona militar cerrada”, lo que impedía a los propietarios de la misma reclamarla como suya. De ese modo, 64.000 viviendas de palestinos ya habían pasado a manos judías en 1958.

Mantener la mayoría judía

Otra de las normas fundamentales y una de las más controvertidas es la Ley del Retorno, que confirma esa insistencia en el carácter judío del Estado a través de la concesión de privilegios a los judíos. Esta ley concede el derecho a la ciudadanía de todos los judíos del mundo, de los hijos, nietos y cónyuges de los judíos, así como de quienes se conviertan al judaísmo. Sin embargo, no incluye a los judíos de nacimiento convertidos a otra religión y de hecho se ha denegado la ciudadanía a varios judíos convertidos al cristianismo.

Es decir, un palestino nacido antes del 48 en el área de Tel Aviv cuyo padre, abuelo, bisabuelo y tatarabuelo hubieran nacido allí no puede ir ni vivir en Tel Aviv, ni sus descendientes, pero un español que se convierta al judaísmo sí tiene derecho a residir en Israel y a obtener la ciudadanía. Además, es probable que pudiera acceder a ayudas económicas del Estado para financiar estudios o adaptación a su nuevo hogar.

En 2003 se construyó un escalón más en esta política exclusivista con la aprobación de la Ley de Ciudadanía y Entrada en Israel, que indica que los palestinos de Cisjordania o Gaza menores de 35 años y las palestinas de Cisjordania o Gaza menores de 25 años no podrán residir en territorio israelí aunque se casen con un/a israelí. Sin embargo, si cualquier europeo contrae matrimonio con un ciudadano o ciudadana israelí tendrá derecho tanto a la residencia como a la ciudadanía.

La cuestión demográfica

Nada de lo que ocurre en Israel y en los Territorios Ocupados Palestinos puede entenderse sin tener en cuenta este objetivo, el de mantener la mayoría judía. Para ello Israel excluye el concepto de ciudadanía universal. Si aceptara como ciudadanos a los palestinos de Gaza y Cisjordania –territorios que controla y ocupa– su concepción como Estado judío estaría en peligro, ya que la población judía dejaría de ser la mayoritaria. Esta cuestión demográfica explica la limpieza étnica realizada en el pasado y el apartheid aplicado en el presente.

Israel, un Estado ‘antimoderno’

Lo que ocurre en Israel y en los Territorios Ocupados no es un conflicto simétrico, entre otras cosas porque uno de los bandos es un Estado, mientras que el otro no dispone ni de Estado ni de Ejército. Las cifras de muertos y heridos en estas décadas hablan por sí solas.

El daño a la población palestina es incuestionable. Hamás ha matado a civiles israelíes con sus cohetes, y es terrible. Pero eso no justifica ninguna de las violaciones sistemáticas contra los derechos humanos que comete Israel de manera cotidiana. El “conflicto” no va de un enfrentamiento entre religiones, sino de un colonialismo en pleno siglo XXI y de la reacción frente a ello.

Para el historiador italiano Enzo Traverso, quien acaba de publicar ‘La cuestión judía’ (Verso Libros, 2023), Israel “se ha convertido en el paradigma del Estado ‘antimoderno’, de una nación encerrada en sí misma -actualmente está expulsando a los refugiados ucranianos que no son judíos-. Y para justificarse, se parapeta en la supuesta amenaza de los países árabes y, sobre todo, en el horror que supuso el Holocausto. No sólo eso: acusa de antisemitas a quienes critican el apartheid que practica en Palestina y de ‘judíos bolcheviques’ a los árabes o musulmanes que, según dicen, son potencialmente terroristas. Dos chantajes que hoy se encuadran en el ideario posfascista que protagonizan algunos nacionalismos”.

El conflicto palestino-israelí amerita la atención de la comunidad internacional para avanzar en una resolución que supere tantos años de crueldad y de deshumanización. La misma que tiene que sustentarse en la formación del Estado palestino, saldando una deuda que ya tiene 75 años. De lo contrario, la violencia no hará sino crecer y tornarse cada vez más brutal, dilatando la concreción de una solución política-humanitaria.

 

clara_lopez_obregon[1]
Clara López Obregón
Senadora de la República 2022 - 2026 por el Pacto Histórico.
Scroll al inicio