No hay vuelta atrás

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POR CLARA LÓPEZ OBREGÓN / SEMANA.COM

Paradójicamente, el anuncio del regreso a las armas de los negociadores del Acuerdo de Paz, Iván Márquez y Jesús Santrich, ha servido de detonante de una nueva dinámica alrededor del debate de la paz. Ante la preocupación de unos y el deseo de otros de que el evento pudiera dar al traste con el proceso de paz, lo que se viene abriendo paso es un consenso mayoritario alrededor del cumplimiento de los acuerdos.

Las voces de la sensatez han primado sobre los tambores de la guerra. Tanto la apología de Iván Márquez –“ha comenzado la nueva Marquetalia”- como el oportunismo de Álvaro Uribe –“Hay que bajar esos acuerdos de la Constitución”- sonaron anacrónicos y cayeron en el vacío. No es que carezcan de audiencia sino que no reúnen la masa crítica para que una u otra alternativa luzca viable.

De ahí que mientras arrecia la polarización un tanto fabricada de las redes sociales, vaya cuajando el consenso en favor de la paz que hizo falta en el plebiscito.  La polarización cambia de eje mientras el consenso en favor de la paz crece, aun cuando queda pendiente el debate sobre cuál es el modelo de paz buscado.

En este nuevo escenario, la deliberación pública deberá afrontar debates de fondo. ¿Se está de acuerdo con limitar la paz al desarme, desmovilización y reinserción de los excombatientes o se exigirá la remoción de las causas objetivas que han servido de generadoras y justificadoras del conflicto armado? Se trata de la conocida disyuntiva entre paz negativa y paz positiva que no está resuelta.

Un primer paso consiste en superar la discusión sobre la modificación de lo pactado, principalmente en lo relativo a la JEP. El incipiente consenso mayoritario en favor de la paz debe empezar por declarar superado el intento de modificar los acuerdos de paz que tanto desgaste le ha producido al gobierno, al Congreso y la sociedad.

Enseguida, las fuerzas de la paz deben proceder a elaborar una agenda propositiva para abordar los temas relacionados con la reforma rural integral, hacer un balance de lo que se requiere para cumplir con la implementación de los acuerdos y proceder a avanzar en materia de “desfeudalización” de los campos colombianos para que Colombia pueda convertirse en una potencia agro-alimentaria, con un campesinado transformado en clase media rural, piedra angular de estabilidad y progreso.

Mientras se discutía el acuerdo de paz en La Habana, el Presidente Santos repetía que el modelo económico no se discutía en La Habana. Los acuerdos tan difíciles de concretar ya se firmaron y en la nueva etapa, con el agotamiento del modelo del Consenso de Washington que ya señalan economistas libres de toda sospecha como Mauricio Cárdenas, el país debe empezar a proyectar un modelo propio de desarrollo que supere las dificultades del crecimiento sin empleo, de la falta de productividad y de las afugias fiscales permanentes.

El debate de la paz debe evolucionar y los sectores que la han defendido tienen la oportunidad de plantearse como alternativa a las fuerzas que se resisten al cambio. La paz ha cambiado al país y la totalidad del espectro político se abre a nuevas ideas y acoge opciones más progresistas, no solamente en Colombia, sino en Estados Unidos y otros lugares del continente y del mundo.

Es este el momento para las propuestas audaces pero sensatas que le infundan un sentido de propósito a la sociedad en su conjunto. Es el momento para reclamar la reindustrialización del país dentro del cauce de la productividad que ofrecen las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones, las energías limpias y políticas públicas que redistribuyan equitativamente los beneficios del desarrollo.

En el mundo globalizado, permanecer estancado en discusiones circulares sobre temas ya resueltos es igual que echar reverso. Esa es la lección que nos deja el regreso a la lucha armada de unos y la insistencia en hacer trizas el acuerdo de paz de otros.  La paz no tiene vuelta atrás y ahora todos lo sabemos.

@ClaraLopezObre