Las cinco contradicciones del POT presentado por Peñalosa al Concejo de Bogotá

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POR MARIO NORIEGA /  

El metro elevado es grave pero tiene remedio. El POT es ‘apuesta’ mortal.

Hay gente preocupada, con muchas razones, por los efectos negativos que pueda tener el metro elevado. Pero por mal que salga el proyecto, a largo plazo es arreglable. En cambio, si se aplica el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) que propone la Administración Distrital del alcalde Enrique Peñalosa, las consecuencias pueden ser irreparables.

Comencemos con el metro elevado. Por más avanzado que se quiera presentar el proceso, es más lo que falta que lo logrado. Todavía hay pasos pendientes que pueden paralizar su desarrollo. Primero está la adjudicación del contrato. Si el Alcalde se equivoca deja a la ciudad, y a él mismo, en un lío inmenso. Y el proyecto parado.

El que gane la licitación debe hacer diseños detallados que incluyen la factibilidad económica de construir 250.000 metros cuadrados de estaciones con centros comerciales incorporados (dos veces y media el tamaño de Unicentro) ¿Si esto no es viable económicamente se avanzará con el proyecto? Y si durante la construcción la plata no alcanza y la ciudad se paraliza indefinidamente a lo largo de la avenida Caracas, la ciudadanía se encargará de suspender el proyecto.

Aún con el peor escenario, si se termina el metro elevado, puede pasar lo que sucedió en Nueva York donde se construyeron varias líneas elevadas a finales del siglo 19. A los pocos años todas fueron demolidas atendiendo el clamor de la gente. Hoy en Manhattan, el centro de Nueva York, hay una red de metro subterránea y ninguna línea elevada.

De los ejemplos se puede aprender que en el futuro algún alcalde o alcaldesa decida hacer el metro adecuado. Se perderán recursos valiosos, se afectará una porción grande de la ciudad durante un tiempo, pero demolido el metro elevado y reemplazado por una red de líneas subterráneas nadie se acordará de quiénes originaron el desastre y Bogotá se recuperará. Como Nueva York.

En cambio la ciudad no se podrá recuperar si se aplica un POT que, como dice repetidamente en el texto, “le apuesta” a “mejorar la calidad de vida” haciendo una ciudad “densa, compacta y cercana”.

El POT tiene cinco contradicciones profundas que generan daños irremediables:

Contradicción 1

Se quiere “mejorar la calidad de vida” aumentando la densidad. Esto es lo contrario de lo que pasa en el mundo. En la lista de las ciudades con mejor calidad de vida (The Economist, 2018) ninguna de las 10 mejores tiene una densidad mayor a 94 habitantes por hectárea.

El POT “le apuesta” a 220 personas por hectáreas, la tercera densidad más alta del mundo (www.citymayors.com). Las cuatro ciudades con la peor calidad de vida (Damasco, Lagos, Daca y Karachi) tienen el mismo rango de densidad propuesto para Bogotá. Si esta ‘apuesta’ de densidad para Bogotá es equivocada, cada día la situación será peor.

Contradicción 2

El POT “le apuesta” a que el crecimiento de vivienda de los próximos 50 años se concentre en Bogotá. Para esto habilita suelo para dos millones de viviendas (24.152 hectáreas) cuando en realidad, según concepto técnico del Consejo Territorial de Planeación Distrital CTPD sólo se necesitan 264 mil viviendas para los próximos 12 años.

Además, según el mismo diagnóstico del Distrito, gran parte del crecimiento no se está produciendo en Bogotá sino en los municipios vecinos. Si se mantiene esta tendencia, opuesta a la ‘apuesta’ del POT, y esto no se maneja en la región, el crecimiento sin previsión y la conurbación se extenderán por toda la sabana con efectos irremediables.

Contradicción 3

Según el POT “debemos ser más productivos y eficientes”, pero la actividad económica que más promueve es la especulación inmobiliaria. Induce a que predios industriales se reemplacen por comercio, oficinas y vivienda. El área industrial que se reduce no se compensa dentro de la ciudad. Según el Distrito la industria en Bogotá es la más grande del país (25% del total nacional).

A pesar de este diagnóstico sectores como la UPZ de Puente Aranda y Zona Industrial (516 hectáreas de uso industrial) se habilitan para renovación urbana. El resultado es perder de manera masiva una base económica esencial para la supervivencia de la ciudad.

Contradicción 4

El POT quiere “una ciudad que propicie la igualdad y la felicidad” pero al mismo tiempo afecta negativamente a más del 70 % del área ocupada hoy con barrios residenciales. El POT tiene el mecanismo perfecto para desplazar comunidades y actividades productivas.

Se propone pasar de un promedio de 13 hectáreas de renovación por año a habilitar de un solo golpe 9.000 hectáreas. Esto significa un incremento del 5.769 % en la expectativa de renovación en el período que debe reglamentar.

Solamente con el Proyecto Alameda Entre Parques (Barrios Los Alcázares, Siete de Agosto, Patria y San Martin) que corresponde a menos del 1% del área de la ciudad se plantea demoler 2.827 viviendas más 5.085 establecimientos con comercio, talleres y servicios que generan 32.173 empleos. Se eliminan comunidades para reemplazarlas por torres de vivienda. Esto no va a hacer feliz a ningún residente actual y los barrios existentes nunca se podrán recuperar.

Contradicción 5

Dice el POT que uno de sus retos es proponer “normas simples y flexibles” y además el “fortalecimiento de las instancias de participación”, pero la estructura del POT se diseñó para el fin opuesto.

La norma se plantea para que se puedan adquirir fácilmente predios para hacer renovación urbana y se elimine cualquier posibilidad de participación de las comunidades afectadas. Con un texto ‘integral’ al proyecto de acuerdo que tiene 7.300 páginas (contabilizadas por el CTPD), se garantiza que nadie lo lea, y si lo lee no lo entienda, excepto los que saben del negocio inmobiliario y están interesados en aplicar los artículos que permiten la expropiación y el desplazamiento de los que se opongan a sus proyectos.

Cuando se combina, más densidad, intervenciones privadas gigantescas, expulsión de población y de actividades productivas de Bogotá, y se elimina cualquier posibilidad de defensa por parte de las comunidades, los resultados son impredecibles.

Con el metro elevado, si se pierde la ‘apuesta’, hay esperanza de recuperación. Si el POT pierde esta ‘apuesta’ la ciudad no se recuperará nunca.

El Tiempo.