La historia oficial

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POR CLARA LÓPEZ OBREGÓN / SEMANA.COM

SEMANA ha publicado un informe alarmante titulado “Secretos de una cacería” que llama a la reflexión, especialmente en el contexto de otro informe de ‘El País’ de España.

Este último revela una directriz firmada por el general Nicacio Martínez, comandante de las Fuerzas Armadas, que da pautas a los militares para “la construcción de una narrativa marco del conflicto armado colombiano” en sus intervenciones ante la Comisión de la Verdad y, eventualmente, la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).

Son al menos tres las informaciones reveladas por SEMANA y El País que tienen graves repercusiones. En primer lugar, la constatación de que el ejército, a pesar de aseveraciones en contrario, sí había ordenado averiguar quiénes filtraron información al New York Times y a SEMANA sobre las órdenes de duplicar los resultados operativos, incluidas las bajas, lo que podría llevar a la repetición de los falsos positivos.

En segundo lugar, el grave hecho de que a pesar de estar reconocida la ocurrencia de este fenómeno degradante del honor militar, la lección parece no haber sido aprendida por todos. Tal vez amparados en el silencio que se busca imponer con la “cacería”, todavía hay reuniones en las cuales un general dice lo impronunciable para los estándares universales de comportamiento de la fuerza pública: “El Ejército de hablar inglés, de los protocolos, de los derechos humanos se acabó. Acá lo que toca es dar bajas. Y si nos toca aliarnos con los Pelusos, nos vamos a aliar, ya hablamos con ellos, para darle al ELN. Si toca sicariar, sicariamos, y si el problema es de plata, pues plata hay para eso”.

En tercer lugar, que se están tomando medidas para que la “verdad” sobre el conflicto armado se encause dentro del marco de una versión oficial coordinada bajo la égida del comando general. Al pretender unificar una narrativa oficial se dificultará aún más aprender de los excesos y los errores, pues como seres humanos no queremos ver a miembros de nuestro cuerpo o de las instituciones que nos han enseñado a reverenciar como capaces de actos atroces y repudiables.

¿Cómo entonces, afrontar el pasado para cumplir con la función de la justicia restaurativa de garantizar a las víctimas verdad, justicia, reparación y no repetición? Los tres temas enunciados están interrelacionados y se retroalimentan entre sí. Las pesquisas adelantadas al interior del ejército para descubrir quién o quiénes dieron la voz de alerta sobre las nuevas órdenes operacionales constituyen una presión para evitar la denuncia de hechos que atenten contra la misma institución. Hechos, dicho sea de paso, que también atentan contra los derechos humanos y la integridad de los recursos públicos para la defensa de la población.

Esa presión para silenciar las denuncias permite que haya expresiones inaceptables como la del general citado en la que se constata que hay quienes no han aprendido las lecciones del desvío del accionar militar. Como antes con el exterminio de la Unión Patriótica y más de cinco mil dirigentes sindicales hoy en procesos de reparación colectiva, ese tipo alianzas de sectores del ejército con grupos paramilitares so pretexto de luchas contra la insurgencia, llevaron al asesinato de dirigentes sociales y políticos vinculados a causas sociales, cívicas y campesinas. El paralelo con el asesinato de líderes sociales de la actualidad no puede pasar desapercibido por lo que los altos mandos deben hacer público su repudio a actitudes que como la denunciada en SEMANA puedan conducir a desvíos en el accionar de la fuerza pública.

Lo que nos lleva a reflexionar sobre la garantía de no repetición a las víctimas del conflicto armado. Una versión coordinada del conflicto armado que compromete a los integrantes activos y retirados de la fuerza pública dentro de la cadena de mando con una verdad oficial mediada por presiones hacia el silencio, entendible humanamente, pero inaceptable dentro del marco del sistema de justicia transicional, corre el riesgo de cerrar las puertas a las muchas verdades que abrigan los distintos miembros de la fuerza pública y que no se materialice la garantía de no repetición. No podemos aceptar que la historia oficial nos arrebate la posibilidad de un posconflicto exitoso.

@ClaraLopezObre