El reto de Bogotá para encaminarse hacia un modelo de ciudad inteligente

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REDACCIÓN /

El desarrollo vertiginoso de las tecnologías ha generado la evolución de su uso y masificación en las ciudades para elevar la calidad de vida de sus habitantes y procurar entornos urbanos socialmente sustentables.

¿Qué es una ciudad inteligente? ¿Cómo se implementa una ciudad inteligente? ¿Bogotá necesita ser una ciudad inteligente? No estamos hablando de ciudades del futuro sino de los retos a corto y mediano plazo que tienen las urbes para adaptarse a los desafíos que deparan fenómenos como la migración y crecimiento de su población.

Una ciudad se puede definir como “inteligente” o como “inteligentemente eficiente”, cuando la inversión social, el capital humano, las comunicaciones, y las infraestructuras, conviven de forma armónica con el desarrollo económico sostenible, apoyándose en el uso y la modernización de nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

La idea de posicionarse como una “ciudad inteligente” está inspirada en las grandes urbes del mundo para desarrollar soluciones modernas y novedosas que impulsen a los países en el contexto global.

Según estudios de Naciones Unidas se espera que para 2050 más del 70 por ciento de la humanidad salga de las periferias para establecerse en centros urbanos; por esta razón, es que las ciudades deben prepararse para mantener conectados a sus habitantes y brindar mejores servicios que enriquezcan su calidad de vida. Para ello las urbes deben integrar aspectos clave que se enfocan en economía, sostenibilidad, gobernabilidad, seguridad y transporte.

Es un hecho que la digitalización es un tema que se encuentra en las mesas de trabajo de los gobiernos y, si bien, Latinoamérica está atrasada en esta materia (frente a Europa y Norteamérica), cada vez más se vuelca la mirada hacia importantes metrópolis como Buenos Aires, Ciudad de México y Sao Paulo, de acuerdo con los últimos índices del IESE Cities in Motion de 2017.

Colombia está rezagada en el tema, ciudades como Bogotá y Medellín apenas han comenzado a formular políticas públicas y desarrollar planes que hagan uso de las nuevas tecnologías que optimicen los sistemas urbanos y el mejoramiento de la calidad de vida de sus ciudadanos.

En este sentido, la ciudad que lleva la delantera es Medellín que ocupó el cuarto puesto en Latinoamérica y el 96 entre las cien más inteligentes del mundo debido a que ha concentrado sus esfuerzos en fortalecer su iniciativa MedellINnovation, estrategia de transformación urbana que tiene como propósito concentrar y articular emprendedores, compañías e instituciones dentro de la economía del conocimiento para fortalecerlas y hacerlas más rentables.

Bogotá está pero por debajo del promedio de los centros urbanos más avanzados. Algunos proyectos e inversiones como el wi-fi público, facilitación y reducción de trámites, integración y digitalización del transporte urbano, implementación de semáforos inteligentes, adecuación de cámaras de vigilancia, entre otros, son los retos que tiene la capital del país para comenzar su transición hacia una ciudad inteligente.

Una ciudad inteligente no se construye desde una política aislada que solo tiene en cuenta la tecnología. Se trata de iniciar una transformación estratégica de la ciudad mediante un enfoque inclusivo, sostenible y abierto. Con fuerza de liderazgo e impulso.

Bogotá cuenta con condiciones y amplias posibilidades para avanzar en este propósito. Para ello debe asumir tres desafíos, fundamentalmente:

En primer término, debe ser sostenible desde el punto de economía digital, que reúna cada una de las necesidades y sistemas de la ciudad. De esta manera, los sistemas pueden ser medidos y no es necesario que todos los cambios se apliquen al mismo tiempo.

En segundo lugar, es necesario que el empresario privado proponga iniciativas respecto de la implementación de la economía digital y no solo espere la propuesta pública.

Por último, hay que hablar de la interoperabilidad entre las diferentes instituciones del gobierno e incluso entre las instituciones públicas y privadas y de estas con los usuarios.

Se trata, en definitiva, de que una ciudad de las dimensiones de Bogotá le apueste a la infraestructura física y digital. Con una movilidad urbana eficiente, alta velocidad de banda ancha, inventario de viviendas, semaforización, energía y servicios públicos, sistemas de vigilancia óptimos, entre otros, integrados mediante el uso de la tecnología, se avanzará hacia el paradigma de una ciudad inteligente.