noviembre 30, 2023 9:30 pm
El regreso de la Minga a Bogotá

El regreso de la Minga a Bogotá

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Testimonio de la senadora del Pacto Histórico, Clara López Obregón, en diciembre de 2008, cuando en su calidad de Secretaria de Gobierno de la capital recibió a la Minga Indígena en Bogotá.

Esta no es la primera Minga que visita a Bogotá. La primera fue en 2008 cuando 15.000 indígenas, principalmente del Cauca, pero también de otras regiones del país, se dirigieron a la capital colombiana para buscar atención y cumplimiento de compromisos al Gobierno Nacional. Ese año, la seguridad de la ciudad estaba en manos de un gobierno alternativo, pero gobernaba el presidente Álvaro Uribe cuya administración hizo todo lo que tuvo al alcance para impedir que llegara la Minga a Bogotá.

El Gobierno de la Ciudad, por su parte, se esmeró en garantizar el derecho a la movilización y protesta de la Minga en Bogotá. A Clara López Obregón, siendo secretaria de Gobierno le correspondió recibir, proteger y garantizar los derechos ciudadanos de los 15.000 indígenas que llegaron en la Minga de 2008.  Exigían del Gobierno Nacional el cumplimiento de la entrega de tierras ordenada por la Corte Suprema de Justicia como reparación por la masacre del Nilo, entre otras peticiones.

Hoy, la oposición y algunos medios pretenden comprobar que la financiación de La Minga proviene del Gobierno, para deslegitimarla. En 2008, la Procuraduría exigía el acompañamiento oficial en materia de alimentación de esta población vulnerable. ¡Cómo cambian los tiempos! En esa época la Procuraduría defendía los derechos de la población. Hoy busca contribuir a deslegitimar su derecho a la movilización porque en esta ocasión apoya las políticas gubernamentales.

La senadora del Pacto Histórico, Clara López Obregón, buscó y encontró en sus archivos la entrada del diario que llevaba, la cual contiene un recuento de esa experiencia inédita. Una movilización épica de un pueblo frente a la negativa del Gobierno Nacional a esta larga marcha iniciada en reivindicación de los derechos originarios.

A continuación la entrada del diario de Clara López correspondiente al 28 de diciembre de 2008:

La Minga

Diciembre 28 de 2008.

Llegó finalmente el jueves, 27 de noviembre después de más de 40 días de marcha desde el Cauca. Le habíamos hecho un seguimiento cercano y ya teníamos instalado el PMU, Puesto de Mando Unificado, con una docena de entidades para preparar la estadía y alimentación de la Minga. Inicialmente se hablaba de 40.000 indígenas y estábamos preocupados por la logística, los recursos y principalmente por el sitio de alojamiento, pues la Universidad Nacional se negaba persistentemente a dar su consentimiento.

La decisión del Gobierno Distrital de recibirlos y apoyarlos nunca fue tema de discusión, aun cuando en un consejo de seguridad el General Palomino dejó entrever que se tomarían medidas para disuadir a la Minga de llegar hasta Bogotá y que nosotros, el Gobierno de la Ciudad, deberíamos colaborar en ese empeño. El alcalde, por supuesto, estaba con la Minga y nos correspondía salir avante con el reto de albergar la Minga, cualquiera llegara a ser su tamaño.

El fin de semana anterior había solicitado cita he ido con el coronel Yezid Vásquez, subcomandante de la Bogotá, Andrés Restrepo, Ati Quigua, el personero Rojas Birry y el vicerrector Montenegro y dos funcionarios más de la Universidad Nacional a dialogar con los consejeros mayores. Estaban en Fusagasugá en la Universidad de Cundinamarca, que, como la Universidad Nacional de Bogotá, se había rehusado a recibirlos. Pero allá estaban en un campamento bien organizado.

Los estudiantes les habían abierto las puertas y no se sentían. Al aproximarnos a la Universidad el único síntoma de su presencia eran unas pancartas alusivas a la Minga, colocadas por universitarios, y la puerta cerrada con la Guardia Indígena a cargo. La idea que llevábamos era la de convencer a las directivas de la Universidad Nacional de recibir a la Minga y la de estas, la de convencer a la Minga de no llegar al Alma Mater.

El General Palomino me había llamado unos días antes. Quería venir a escuchar a los mayores, pero el presidente Uribe no se lo permitió. Había un consejo comunitario de tantos en el SENA en Bogotá y el General esperaba autorización para ausentarse y acompañarme a Fusa. Delegó en el coronel Vásquez ante la negativa presidencial de la cual jamás, desde luego, hablamos abiertamente. La noche anterior me había puesto en la tarea de conseguir la anuencia de los líderes indígenas a través de Daniel Piñacué quien consiguió la autorización de Aída Quilcué para recibir al comandante de la Policía Metropolitana.

Con todo, la Guardia estaba muy reacia a permitir la entrada del coronel. Hicieron referencia a los muertos del Cauca y al papel de la Policía. Lilia Solano, asesora del Senador Alex López y amiga del Polo y del CRIC me aseguró que era imposible intentar el ingreso del coronel. Insistí ante Feliciano Valencia quién confirmó la autorización dada la noche anterior por Aída y entramos.

Interesante y madura la actitud del coronel Vásquez. Le pidieron que dejara las armas y el escolta y aclaró con tranquilidad absoluta que no venía ni armado ni escoltado, lo que sorprendió a los indígenas. Una actitud de respeto, con autoridad y sin atropello de parte de la Policía es algo a lo que no están acostumbrados. Con ella el coronel Vásquez abrió un importante espacio que le permitió un diálogo fluido de confianza mutua con la Guardia -de autoridad a autoridad- abriendo nuevos caminos, que, si bien no son todavía mayoritarios dentro de la Fuerza Pública, pueden llegar a aumentar en audiencia.

La Guardia Indígena nos condujo al Auditorio. Había gente por todas partes. Una clínica improvisada y los baños impecables. El día estaba lluvioso y la gente tranquila, en silencio, en espera. Según el oficial de la Policía de carreteras había unos 8500 o 9000 indígenas en las instalaciones. Faltaba un grupo de unos 3000 que se había quedado en Chicoral y otros que venían de occidente y se reunirían con la Minga en Soacha. Al Auditorio solo ingresaron los integrantes de la Comisión Política, uno por cada cabildo, unas cincuenta personas. Presidía Luis Evelis Andrade de la ONIC, pero mandaba Aida Quilcue del CRIC. La vocería pública era de la ONIC el mando interno del CRIC.

Primero tomó la palabra Luis Evelis para darnos la bienvenida y notificarnos que si no eran aceptados en la Universidad Nacional se instalarían en la Plaza de Bolívar. Enseguida me pasó la palabra para mi respuesta. Les expresé el saludo del alcalde Moreno y los preparativos en curso para garantizarle a la Minga el derecho a la movilización y protesta en la Capital de la República, incluida su estancia en la Plaza de Bolívar si esa era su decisión.

Siendo la respuesta de la Universidad Nacional la inquietud principal de la Minga seguidamente tomó la palabra el doctor Montenegro para explicar lo que nos había informado en una prolongada reunión en su oficina el día anterior y nuevamente esa mañana. Que la terminación del semestre estaría en peligro. El calendario llevaba hasta el 23 de diciembre y cualquier interrupción implicaría no terminarlo con perjuicio irremediable para 40.000 estudiantes. La llegada de la Minga implicaba cerrar la Universidad por la duración de su estancia, término que todavía no estaba claro. Se hablaba de cinco días aun cuando se escuchaban voces de que podría ser indefinido. La respuesta en definitiva era negativa.

Sabiendo que la Minga no iba a tomar no por respuesta, había invitado a Montenegro a acompañarnos a Fusa para que entrara en contacto directo con la realidad social y política a la nos enfrentábamos a lo que accedió, no sin reticencia. A manera de compensación le ofreció a la Minga el sistema de comunicaciones de la Universidad con sus 30 emisoras a nivel nacional y el apoyo para llevar el mensaje de la Minga a todos los estamentos del país.  Pero pernoctar estaba vedado.

La respuesta de Luis Evelis Andrade, presidente de la ONIC fue tajante y para mi sorpresiva. Es otra manera de negociación. No busca ir acercando posiciones sino dejarlas planteadas para posteriores contraofertas después de largas discusiones internas. Si la Universidad quería poner a disposición de la Minga el sistema de comunicaciones, con mucho gusto lo aceptaban, pero “no a cambio de” y subrayó verbalmente esa aseveración. Si existía voluntad política de parte de la Universidad, bien, pero no en contraprestación de no dejarlos entrar al campus.

“La Universidad es de todos los colombianos y no de sus directivas para negarles el acceso. La decisión de la Minga es llegar allá, quiéranlo o no sus directivas”, insistió Luis Evelis. Para reforzar la seriedad de esa determinación les dieron la palabra a unos estudiantes pertenecientes a la tri-estamentaria, una comisión o asamblea de profesores, estudiantes y trabajadores cuya legitimidad o representatividad desconocen las directivas. Todos confirmaron la voluntad de la comunidad universitaria, con excepción de sus directivas, de albergar a la Minga en los predios universitarios.

Intervinieron varios gobernadores afirmando la decisión de la Minga de llegar a la Universidad. Para salvar la situación con Andrés Restrepo convinimos en plantear que nos diéramos un tiempo para reflexionar alternativas entre las cuales ofrecimos la Universidad Distrital, el Parque Tercer Milenio y el Hospital San Juan de Dios que el Gobernador de Cundinamarca había convenido en ofrecer. Y la Plaza de Bolívar que ya había ofrecido, consciente de los riesgos, pero previa verificación con la Dirección de Emergencias que podíamos sortear esa eventualidad. Así quedamos.

Nos regresamos a Bogotá con el compromiso de Montenegro de reunirnos al día siguiente, domingo, en mi apartamento con el Rector Wasserman para debatir más el tema. Antes de salir convinimos con los mayores la necesidad de aplazar su arribo a Soacha hasta el martes para no generar un monumental trancón el lunes, final de puente. Cada vez que ofrendan su palabra cumplen, pero siempre hay quién arma cizaña con el objeto de desprestigiar su lucha. Lo del tramo de la marcha no fue la excepción. Durante todo el lunes seguían anunciando en algunos medios que la Minga marcharía y generaría el caos en el retorno del puente festivo.

Sabía que las directivas universitarias eran objeto de presiones por parte del Gobierno Nacional que no veía con buenos ojos la protesta indígena ni la colaboración oficial con sus integrantes. El jueves anterior, después del Noticiero de CM& donde publicaron apartes de la carta que le dirigí a Wasserman solicitando que recibieran a la Minga, recibí una llamada destemplada de la ministra de Educación. Me increpó por estar presionando a la Universidad y me exigió no insistirles. Como me habló golpeado y le contesté de igual forma. Se sentía la presión del Gobierno Nacional por todas partes.

Cuando llegó la Minga a Ibagué, el propio presidente Uribe ordenó impedir su entrada a la ciudad con la excusa de que había personas desplazadas por la emergencia del volcán y no cabía la gente de la marcha. Cuando inicialmente hablé con Ana Karenina, la liquidadora del San Juan de Dios, para arreglar la alternativa del Hospital, me dijo que si pero que veía el impedimento con el sindicato. Lo cuadré completo pues cuando llamé estaban reunidos y accedieron bajo la condición de que fuera avalado por la liquidadora. De pronto ella se puso difícil o más bien imposible. Que solamente con la protección de la Policía de Cundinamarca y del ejército prestaría las instalaciones a lo cual le contesté que muchas gracias pero que no eran aceptables sus pretensiones. Le explique que la Guardia Indígena y el Gobierno de la Ciudad responderíamos por todo pues no era compatible en los usos indígenas la protección de la Policía y del ejército. Entonces me informó que el sindicato tampoco aceptaba. Es decir, si accedían a albergar la Minga formalmente, pero no, realmente. Le agradecí y me despedí diciendo que no utilizaríamos el Hospital.

Posteriormente recibí un mensaje del Gobernador Andrés González diciendo que había dado claras instrucciones para que nos fuera prestado el hospital si llegáramos a necesitarlo. Incluso ya en Soacha, cuenta una funcionaria de la Secretaría de Gobierno enviada para servir de enlace para la colaboración del Distrito frente a esta emergencia social, que estuvo presente cuando el presidente de la República llamó al alcalde para solicitarle que no colaborara con la Minga y así fue. Casi no le abren la puerta del Coliseo que ya estaba prometido. Lo demás fue aportado por Bogotá, aprovechando que queda en la frontera con Bosa en el Barrio de La Despensa. Hasta allá enviamos cobijas, agua, baños y plásticos, sin los cuales la inclemencia del tiempo habría hecho estragos, especialmente en la población más vulnerable: 600 niños, 27 mujeres embarazadas y un buen número de adultos mayores.

Pero lo más diciente sucedió el domingo en la mañana en casa del alcalde. Me llamó temprano para pedirme excepcionalmente que pasara a verlo a su apartamento que Palomino quería compartir algo delicado con nosotros. Era DMG. El Gobierno la iba a intervenir y quería colaboración de los alcaldes locales donde hubiera sedes. Unos ocho de ellos. Quedamos que a las cuatro de la tarde nos reuniríamos en el Comando para dar las instrucciones del caso. Se estaba a la espera de que el Gobierno Nacional decretara la Emergencia y expidiera las normas que dieran piso a la intervención.

Al punto de salir le pregunté al general Palomino que haría si la Minga llegaba a la Universidad. No titubeó. “No la dejo entrar”. Dejó claro que el presidente ya le había instruido que la Minga no debía ingresar a la Nacional. Le expresé que para impedir su ingreso al campus tendría que utilizar todo el turno de 3500 policiales a lo que contestó que pediría refuerzos, pero que por ningún motivo permitiría que la Minga entrara a la Universidad. Sin vergüenza le dejó claro al alcalde que su obediencia era con el presidente así la Constitución dijera otra cosa. “Es él quien me paga el sueldo”, aseveró sin sonrojarse. El alcalde no cedió ante la clara provocación. Con admirable control y prudencia asimiló el golpe pues un enfrentamiento en ese momento habría generado una crisis explosiva con grave riesgo para las libertades civiles.

El mensaje fue claro y contundente. La Universidad debía abrir sus puertas a la Minga. De lo contrario nos veríamos abocados a una confrontación de impredecibles consecuencias. Policía frente a la Minga y claro, alcalde con el presidente. Hasta ese día, las confrontaciones parecían colocar al General entre dos aguas, como en dos canoas con un pie en cada una. Cuando tendían a apartarse buscaba reunirlas, repartiendo honores para no zozobrar. Ese día el General claramente se pasó a la canoa del Gobierno Nacional y dejó la del Distrito a la deriva. Salí con misión a la reunión en mi casa con Wasserman y Montenegro: La Universidad tenía que abrir voluntariamente sus puertas a la protesta indígena.

Caminé los pocos pasos que separan mi casa de la del alcalde, convencida de que la sensatez siempre aflora por alguna parte. Y afloró con nitidez en el rector Wasserman. Le pregunté directamente, después de los prolegómenos normales en las conversaciones difíciles: “Cuando llegue la Minga a sus puertas, ¿usted va a llamar a la Policía para impedir la entrada?” Lo pensó lentamente, pero creo que ya lo traía decidido. “No llamaré a la Policía”, aseveró con firmeza. “Entonces es mejor invitarlos”, le contesté, “pues van a entrar con o sin su anuencia”. En ese momento aceptó. Con condiciones, claro, pero lo fundamental estaba hecho.

En el PMU del lunes, organizamos los operativos para el martes. Mientras los equipos del Acueducto colocaban conexiones de agua y se reunían las carpas y demás elementos, salimos a Soacha a concretar los acuerdos y condiciones de la Universidad con la Comisión Política de la Minga que ya había hecho su arribo al municipio vecino. La actitud dejativa del alcalde estaba a la vista, pero también la solidaridad bogotana que fue muy bien recibida. Con todo, la reunión fue tensionante. Aquí no habíamos previsto la presencia policial en la reunión, así es que no entraron con nosotros los oficiales apostados por el General Palomino.

El primer tema que tratamos, desde luego, la aceptación de la Universidad de albergar la Minga y sus condiciones: No extender su estadía más de cinco días, de jueves a lunes, inclusive, y plasmar el compromiso por escrito. Las condiciones no fueron de buen recibo. ¿Qué hacer si no se habían logrado los objetivos de la visita a Bogotá en ese término? ¿Por qué dudaba la Universidad de la palabra de la Minga, prefiriendo un papel escrito?

Escuchamos las intervenciones de los gobernadores y en algún momento llegué a pensar que las condiciones no serían aceptadas. Pero después de cada quién dijo su palabra, la decisión fue favorable. Me pidieron el texto que suponían traíamos preparado para leerlo y firmarlo. Les respondí que ellos deberían redactarlo y nosotros firmarlo lo que se hizo en dos ejemplares iguales a mano, uno para ellos y otro para la Universidad. Firmamos Aida Quilcué, Evelio, Feliciano, El personero Rojas Birry y yo.

Con el escrito entregado a Montenegro se inició la adecuación del campus. Teníamos la tarde del miércoles y las horas que demorara el desplazamiento de la Minga a Bogotá en la mañana del jueves. Pero faltaba un tema, el acompañamiento policial. Explicamos que la decisión del alcalde era que no habría acompañamiento del ESMAD sino del personal femenino de la Policía Nacional. Los indígenas irrumpieron en un aplauso que salió del salón al Coliseo. Por fin sintieron que llegaron a territorio de garantía de sus derechos.

También informamos que la Universidad accedía a la protección interna de la Guardia Indígena en colaboración con la seguridad privada interna de la Universidad. En las puertas estarían representantes de ambos, permitiéndose la entrada solamente a quienes una de las partes autorizara. Ni la Universidad, ni la Alcaldía considerábamos papel para la Policía y ella se mantuvo al margen del campus durante la duración de la estadía de La Minga.  Fue un pacto tácito, reafirmado con conversaciones puntuales con el General Palomino durante los cinco días siguientes.

“¿Cómo ve la disciplina de la marcha, General? ¿Vio cómo recibieron de bien a las mujeres policías? En la Universidad todo en calma,” y así sucesivamente. Desde el campus no se veía fuerza pública, aunque por ahí rondaba. Durante la Marcha a la Plaza de Bolívar, por ejemplo, el ESMAD fue ubicado en los sótanos del nuevo edifico del Congreso, según supimos después de boca de varios asesores de congresistas. Pero la confianza se construye con los hechos y la experiencia. “Si todas las marchas fueran como esta, otra sería la situación de la ciudad”, comentó el coronel Vásquez, a propósito del orden observado por lo marchantes, la actitud de autorregulación permanente ejercida por la Guardia Indígena, impidiendo el accionar de provocadores e incluso recogiendo todo desperdicio después de su paso, en ejemplar muestra de civismo.

En la Plaza de Bolívar fuimos testigos de la actitud protectora de la Guardia que acudió a defender a las Policías que montaban guardia frente al capitolio cuando un hombre se acercó a agredirlas. Inmediatamente lo rodearon y sacaron de la Plaza, impidiendo el pretendido conato de desorden.

El Alcalde fue invitado a hablar en la reunión. No era una manifestación como tantas sino una sesión de trabajo. En la parte protocolaria, intervinieron las personalidades invitadas, representaciones internacionales, líderes de organizaciones solidarias como la CUT y el alcalde de Bogotá, Samuel Moreno. Los mayores enviaron a una comisión de la Guardia Indígena para escoltarlo a la tarima, ocho en total que hicieron escuadra con sus bastones de mando. Así salimos y regresamos a la Alcaldía. Posteriormente, el alcalde los recibió en privado. Allí se escucharon voces de reconocimiento por la actitud y colaboración de la Alcaldía a la Minga y el alcalde a su vez expresó su apoyo a la protesta.

Pero lo más hermoso fue la ciudadela de 15.000 personas que armamos en la Universidad Nacional. Inicialmente, sus directivas impidieron que los indígenas ocuparan cualquier edificio universitario. Tal vez en otra época del año habría sido practicable. Pero sobre Bogotá caía una inclemente y persistente lluvia. Todo estaba encharcado y el frío arreciaba.

Los mayores justamente indignados reclamaban que les habían abierto las puertas de la Universidad, pero cerrado su abrigo. “Es como si invitáramos a cualquiera de los directivos al resguardo y lo dejáramos entrar para dormir al descampado” , dijo ardido Luis Evelis Andrade, en la reunión previa a nuestra nueva negociación con Montenegro. “Es algo que no olvidaremos” resaltó Aída Quilcué. Fue una actitud innecesaria. Los hechos exigían mayor solidaridad. Era mucha gente venida de tierras calientes y clima amenazaba con crear estragos. Así lo entendieron rápidamente y optaron por abrir la Facultad de Artes, un edificio enorme de los años cincuenta al que se llevaron a los más vulnerables.

El PMU funcionó las 24 horas. Un ejemplo admirable de coordinación interinstitucional y articulación de equipos de trabajo haciendo las tareas más disímiles, cronometradas para producir los resultados esperados. Cada seis horas se reunía para verificar la situación. Cada entidad daba su reporte, reseñaba problemas y colectivamente se resolvían, bajo la coordinación de la Dirección de Atención de Emergencias de la Secretaría de Gobierno (DPAE).

Acueducto: verificamos la pureza del agua cada dos horas y se mantuvo potable todo el tiempo; el suministro es normal aun cuando el consumo elevado. Salud: Debe colocarse la tapa al tanque No. 3 para impedir impurezas en el agua, se han verificado las fechas de vencimiento de los alimentos y drogas donadas, retirándose los elementos con fechas vencidas. Se revisaron las dos toneladas de carnes entregadas por el Gobierno, encontrando que están en óptimas condiciones. Se atendieron enfermos tanto por la medicina tradicional como por la medicina indígena. No ha habido remisiones a los centros hospitalarios.  Integración Social: Se entregaron en el Comisariato los siguientes productos. Tres toneladas de arroz, latas de atún, libras de fríjol. Guardia Indígena: Solicitamos que la distribución se mantenga centralizada a través de la guardia pues algunos funcionarios están entregando productos a algunos indígenas generando situación de desigualdad y potencial conflicto. Gestores de Convivencia de Secretaría de Gobierno: Tres universitarios fueron excluidos del campamento por la Guardia Indígena por estar ingiriendo drogas y alcohol. Se reforzó la seguridad en las entradas y se realizaron controles para evitar la venta de alucinógenos en el campamento. Cruz Roja: se repartieron a través de la Guardia Indígena las dos toneladas de carne, 3 de arroz, pañales donados por los sindicatos, y demás provisiones estando la totalidad del campamento atendido. Bomberos: sin novedad. Universidad Nacional: Debe verificarse la utilización de ramas secas de los árboles de la Universidad en la cocción de alimentos para evitar daños ecológicos en el campus. Defensa Civil: sin novedad. Así cada entidad daba su informe y se convenían acciones para enderezar problemas.

La mayoría de los recursos empleados provinieron de la Secretaría de Gobierno y de la de Integración Social. Ellos son clara expresión de la decisión política de proteger y garantizar el derecho constitucional a la protesta pacífica, pero también al cumplimiento de clara disposiciones legales. La marcha le implicó al Distrito Capital una verdadera emergencia social. Sus protagonistas, una de las poblaciones protegidas constitucionalmente por su particular vulnerabilidad. Con posterioridad a la puesta en marcha de este dispositivo se recibió una carta de la Procuraduría General que confirmó la base constitucional y legal desde la cual actuamos.

Fue una hazaña memorable. El montaje de una ciudadela para 15.000 personas en escasas 14 horas, bajo una lluvia inclemente, afrontando serios riesgos políticos y haciendo gala de la eficiencia al servicio de la democracia. El mayor homenaje provino de la presidenta de la Cruz Roja, Seccional Bogotá. Al despedirnos me comentó emocionada. Había algo en este campamento que era diferente de cuanto me han tocado visitar a lo largo de mi vida profesional. Ya sé cuál era esa diferencia. Aquí no oía llorar a los niños. En medio de la lluvia estaban bien alimentados, sin frio, sin sus colitas quemadas. Un homenaje a sus madres, pero también al Gobierno de la Ciudad.

La Minga se fue. Regresó de dónde vino con tantos sacrificios, pero sin obtener los resultados esperados del Gobierno Nacional.

 

 

clara_lopez_obregon[1]
Clara López Obregón
Senadora de la República 2022 - 2026 por el Pacto Histórico.
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