Trumpa humanitaria

Trumpa humanitaria

Por Clara López / Semana.com

La ayuda para ser humanitaria debe ser desinteresada y motivada exclusivamente por la solidaridad. Su instrumentación con motivaciones y finalidades políticas desnaturaliza un término que merece ser protegido como principio y fin exclusivamente de vida.

Como lo explica Victor Klemperer, un filólogo judío sobreviviente del Tercer Reich, citando a Schiller, “el lenguaje crea y piensa por ti…”. Y agrega, es “veneno que absorbes inconscientemente y que surte su efecto”. De ahí el cuidado con las palabras pues el lenguaje es también la materia prima de la propaganda que ha sido utilizada por gobiernos, empresas y organizaciones de todos los signos para tutelar a la opinión pública.

Edward Berneys, precursor de la teoría de las relaciones públicas, escribió en 1928 un libro titulado Propaganda en el cual señala sus potencialidades como método de “crear o moldear acontecimientos para influenciar las relaciones del público con una empresa, una idea o un grupo.” Lo importante de la propaganda, “es que es universal y continua y, en suma, regimienta la mente del público de igual manera que el ejército regimienta los cuerpos de los soldados.”

Ya sea con el fin de aumentar las ventas de tocineta, para lo cual ideó el desayuno campechano estadounidense; o para ayudar a tumbar el gobierno democrático de Jacobo Arbenz en Guatemala, creando el mito de subversión comunista; Berneys, contratado en el primer caso por la Beechnut Packing Company y en el segundo por la United Fruit Company, mostró que las palabras mil veces repetidas o tergiversadas terminan por “pensar por ti.” Ni los hechos ni las reglas importan porque las palabras instrumentadas ya piensan por las personas.

En lo que se refiere a Nicolás Maduro, la matriz mediática implementada no admite ningún matiz. Según hemos sido advertidos, el país vecino está en manos de un sátrapa desalmado capaz de cualquier cosa, incluso de negarle a su propio pueblo la ayuda humanitaria generosa de los Estados Unidos. Desde hace días se divulgan declaraciones de Donald Trump, coreado por sus semejantes de la derecha norte y latinoamericana, en las que afirma que no permitir la entrada de esa ayuda “humanitaria” es un crimen de lesa humanidad.De otra parte, en declaraciones muchos menos publicitadas, Christoph Harnisch, jefe de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja en Colombia, expresó que esa organización no participará en la distribución de la asistencia que llegará desde los Estados Unidos, al considerar que “esa ayuda no es para nosotros una ayuda humanitaria… Es importante que realmente haya un respeto para el término humanitario y un respeto para los principios. Eso es fundamental,” reiteró.

Los principios a los que se refiere son los de imparcialidad, neutralidad e independencia que han permitido al personal de la Cruz Roja y la Media Luna Roja auxiliar a la población civil en medio de los conflictos más cruentos. De perder la credibilidad que la adherencia estricta a dichos principios le granjea, la asistencia humanitaria de ese movimiento internacional no podría llegar a su destino. De ahí el llamado, hasta ahora desatendido, de Christoph Harnisch a que se respete el término humanitario.

Con todo, la ayuda humanitaria de Trump es de principio a fin un recurso propagandístico que va en camino de desvirtuar el significado de la palabra humanitaria hasta convertirla en una trampa o herramienta más de intervencionismo estadounidense. De tener una verdadera preocupación humanitaria por el pueblo venezolano, los Estados Unidos limitarían las sanciones económicas a los altos funcionarios del Estado, como lo ha hecho la Unión Europea, y entregarían la ayuda a través de canales imparciales como Naciones Unidas.

“No sabemos si las sanciones de EE.UU. van a producir un quiebre del gobierno; lo que sí sabemos es que el sufrimiento del pueblo venezolano va a aumentar,” advierte a la BBC, Geoff Ramsey, de The Washington Office on Latin America (WOLA). Pero también sabemos que se ha tergiversado el término humanitario al extremo de convencer a medio mundo de caer en la “Trumpa humanitaria” que puede conducir a la intervención militar que ni Trump, ni Duque, ni Guaidó han descartado.

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