Por el despenionadero fiscal

Ley 100 de 1993   

Por Clara López Obregón   

Se agotó la reserva técnica del Seguro Social y el gobierno nacional, con su abultado déficit, debe entrar a honrar los derechos adquiridos de los pensionados a partir del mes de agosto. Durante lo que resta del año, deberá efectuar erogaciones por valor de $1.7 billones y el año entrante por $3.8 billones. No se trata de un hecho intempestivo sino de la consecuencia previsible y prevista, de las reformas introducidas por la Ley 100 que le restaron al Instituto de los Seguros Sociales ISS la masa de afiliados en que se fundaban la sostenibilidad del régimen de prima media que administra desde 1967.

Con todo, el gobierno nacional ha anunciado que no tiene un Plan B para afrontar esta situación. La propuesta que está sobre la mesa desde el año pasado consiste en eliminar las exenciones del IVA que cobijan a los productos de la canasta familiar y colocarle impuestos a las pensiones superiores a los cuatro salarios mínimos ($1.432.000). Antes de empezar a pagar las pensiones, el $1.2 billones que producirían estos nuevos tributos entrarían, en primer lugar, a compensar el menor valor del recaudo generado por las nuevas exenciones introducidas al impuesto sobre la renta de las sociedades y, después, a pagar el aumento en el servicio de la deuda pública.

El despensionadero

Aduciendo el déficit fiscal que sin duda requiere de un sacrificio, pero compartido por todos, incluso se han escuchado llamados a reducir las pensiones vigentes y a instituir pensiones (sic) equivalentes al 50%, 40% y hasta el 10% del salario mínimo. De prosperar dichas iniciativas, se podría llegar a ver pensiones de $35.800 mensuales.

Esto último se acompaña de una campaña orientada a presentar a los pensionados del ISS como unos privilegiados que no merecen las abultadas pensiones que supuestamente reciben. La realidad es que el grueso de los pensionados del Instituto de los Seguros Sociales -el 83%- recibe pensiones de hasta dos salarios mínimos mensuales ($716.000) y solamente el 0.18% o 780 personas reciben pensiones superiores a 16 salarios mínimos mensuales ($5.720.000).

¿Por qué no alcanzó la plata del ISS?

Desde la aprobación de la Ley 100 hace diez años, se sabía que al reemplazar progresivamente el régimen de prima media con el de ahorro individual se trasladaría la mayor parte de los nuevos afiliados del ISS a los fondos de pensiones. Al dejar de percibir las cotizaciones de los nuevos trabajadores, el ISS tendría que gastar los recursos ahorrados en la reserva para pagar las pensiones. De esta manera, el agotamiento de la reserva técnica era cuestión de tiempo y el tiempo llegó, más o menos en la fecha prevista.

El agotamiento de la reserva era inevitable porque el diseño del sistema de prima media se fundamenta en la solidaridad intergeneracional. En dicho modelo, los trabajadores, los empleadores y el Estado, de manera tripartita, cotizan para pagar las mesadas de los pensionados y para alimentar una reserva de capital cuyos rendimientos contribuirán a financiar los pagos futuros. El saldo faltante corre en este, como también en el nuevo sistema, por cuenta del Estado.

La diferencia entre ingresos y pagos surge paulatinamente por el envejecimiento de la población fruto de los avances de la ciencia y salud. Dicho cambio demográfico implica un menor número de aportantes o cotizantes por pensionado que se cubre a lo largo del tiempo con aumentos en la cotización. Sin embargo, al introducir los fondos de pensiones, el ISS no solamente no recibió los nuevos trabajadores previstos en los cálculos actuariales, sino que perdió un millón de afiliados. Las cifras son elocuentes: Mientras que en 1995 contaba con 3.120.000 afiliados que sostenían a 313.000 pensionados, en la actualidad, los afiliados activos se han reducido a 1.855.519 y los pensionados, aumentado a 593.000. En consecuencia, mientras en 1993 había 9.95 aportantes por cada afiliado, en 2003 quedaban solamente 3.72. De contar con la masa de afiliados en que se basaron los cálculos actuariales y que le restó la Ley 100, el ISS contaría hoy con al menos 4.538.444 aportantes, lo que arroja una relación de aportantes por pensionado de 7.65, muy superior a la actual. El cambio de modelo sencillamente quebró al ISS.

Las cotizaciones alcanzarían para mesada pensional

En ausencia de la Ley 100, la totalidad de las cotizaciones por concepto de pensión habrían ingresado al ISS con lo que se habría evitado consumir con tanta anticipación la reserva pensional que tenía un valor de US$1.632 millones en 1995. Ello mediando incluso las inversiones forzosas con rendimientos inferiores al mercado que le han venido imponiendo los distintos gobiernos con el fin de contribuir a solventar las finanzas públicas.

Dicho de otra manera, si los $400.000 millones mensuales por concepto de aportes (sin contar los rendimientos respectivos) que hoy ingresan a los fondos privados estuviesen ingresando al ISS, tal y como se diseñó originalmente el modelo, alcanzaría y sobraría para cubrir la mesada pensional que asciende a $378.000 millones mensuales y no se estaría ante la grave situación que amenaza la subsistencia de los pensionados del ISS ni ante la perspectiva de nuevos impuestos para pagarle sus pensiones.

Capitalización privada y descapitalización social

La introducción del sistema de ahorro individual significó que mientras el ISS se descapitalizaba para aterrizar en una bomba fiscal, se acumularan $22 billones o US$ 8.300 millones (equivalentes a 4 o 5 déficit fiscales) en los fondos de pensiones privados. El fisco se quiebra y se plantean mayores impuestos mientras los ahorros de trabajadores y empleadores se acumulan en cabeza de los fondos de pensiones. Estos, incluso se han convertido en exportadores de capital y por lo tanto de empleo y actividad económica, al tener inversiones en el exterior por caso dos billones de pesos.

Doble pago

Las matemáticas son complejas pero el concepto es sencillo. Cuando el país se abocaba a atravesar la mayor crisis fiscal de su historia, se comprometió con la Ley 100 al mayor esfuerzo financiero jamás ensayado: el de pagar las pensiones de dos generaciones, simultáneamente: las de la generación anterior y las propias pensiones.

Después de tanta reforma y sacrificio no habremos avanzado. Seguirá por tiempo indefinido el problema del déficit fiscal y de la baja cobertura en materia de pensiones. La diferencia es que el Estado y los trabajadores perdieron el control – a favor de un reducido número de particulares – sobre el ahorro pensional que en el mundo mueve las economías. En su destino ya no opera el factor social y solidario, ni siquiera las decisiones de política económica gubernamental. Solamente el ánimo de lucro propio de los mercados. Es un problema de modelo económico y de sociedad, y no de finanzas públicas que fue como lo vendieron, pues cuando los fondos privados empiecen a pagar pensiones, el gobierno tendrá también que completar la pensión mínima para un importante número de afiliados con un cuantioso subsidio estatal.

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