Política salarial: Cuestionamientos a la teoría económica convencional

Por Clara López Obregón   

nuevo sigloEl aumento del salario mínimo y, desde luego, de los salarios en general, tiene un impacto económico sobre un elevado número de variables macro y socioeconómicas: el desempleo, el nivel general de precios, la productividad laboral, la distribución de los ingresos y la pobreza, para mencionar los más importantes. Por ello, la política salarial se ha utilizado en distintos países y épocas como herramienta para aliviar la pobreza, fomentar el desarrollo económico, promover la eficiencia o distribuir los beneficios del crecimiento económico.

No obstante, persiste desacuerdo sobre la dirección y magnitud del impacto económico sobre las variables enumeradas. La teoría económica convencional ha sostenido que la intervención estatal en la fijación de salarios mínimos introduce serias ineficiencias en el mercado laboral y con ello genera niveles superiores de desempleo a los que se registrarían en ausencia de tales políticas, particularmente en los sectores de mano de obra no calificada. En épocas inflacionarias también se le atribuye a las alzas salariales, particularmente las que reflejan la inflación pasada, un impacto inflacionario por vía de la presión de costos y de la inercia generada por las expectativas de mayor inflación que se supone alimentan. Con estos argumentos se ha llegado a sostener que por vía del desempleo o inflación, los aumentos salariales, en vez de atacar el problema de la pobreza, en determinadas circunstancias, pueden llegar a acentuarlo.

Desarrollos recientes en el campo de la economía del trabajo parecen contradecir mucha de esta sabiduría convencional. Un creciente número de investigaciones empieza a mostrar resultados empíricos que cuestionan las predicciones de la teoría económica tradicional, tanto en materia de salario mínimo, como del nivel salarial general. Los resultados de dichas investigaciones no son concluyentes y, en su gran mayoría, están referidos a economías distintas a la colombiana, pero permiten plantear nuevas hipótesis sobre la utilización de la política salarial como herramienta para promover el desarrollo hacia una economía de alta productividad, particularmente en el contexto de la globalización.

SALARIO MÍNIMO

En materia de salario mínimo, algunas investigaciones localizadas demuestran que los aumentos en el salario mínimo legal en los Estados Unidos no tienen un impacto negativo sobre el empleo, e incluso en algunas de ellas, los resultados empíricos apuntan a que, por el contrario, puede contribuir a reducir el desempleo en el segmento de mano de obra no calificada.

Entre las explicaciones de este fenómeno se encuentra el poder de mercado o poder monopsónico que pueden ejercer los empleadores de trabajo no calificado el cual, en el mundo real, no tiene la movilidad e información sobre oportunidades de empleo supuesta en los modelos de economía competitivos. En consecuencia, los demandantes de mano de obra estarían en condiciones de imponer salarios inferiores a los que arrojaría el mercado. La fijación del salario mínimo y su aumento periódico entra entonces a corregir esta falla del mercado, imponiendo un piso a los salarios, que además de cumplir una clara función protectora, se constituye en una herramienta de manejo macroeconómico para promover el empleo, la inversión en la capacitación de los trabajadores por parte de los empleadores y la productividad.

Esta última hipótesis se podría explicar con el argumento de que al tener que pagar un mayor salario, los empresarios exigirán mayor rendimiento de sus trabajadores, quienes a su vez estarían mejor incentivados para dar más de sí, lo cual redundaría en una mayor productividad del trabajo. Ello, desde luego, partiendo del supuesto que la legislación sobre salario tuviera un acatamiento general, lo cual es cuestionable cuando la mitad de la población económicamente activa pertenece al sector informal.

En términos mas generales, un extenso trabajo investigativo realizado por Blanchard y Oswald sostiene que, a diferencia de lo que predice la teoría económica neoclásica en el sentido de que los altos salarios se asocian a altos niveles de desempleo, el análisis de la información estadística en el ámbito mundial, indica todo lo contrario: que los bajos niveles salariales se correlacionan con altos niveles de desocupación.

Tomando muestras aleatorias de 3.5 millones de personas en 12 países distintos, estos autores concluyeron que parece existir una curva que asocia los niveles salariales a la tasa de desempleo local, indicando que un mayor desempleo en una industria o región, implica menores salarios en esa industria o región. La curva de salarios resultante, se puede observar en la siguiente gráfica, y se repite en país tras país, con una regularidad asombrosa, indicando en términos técnicos que la elasticidad del desempleo respecto del salario parece ser la misma en todas partes, a pesar de las grandes diferencias institucionales y de nivel de desarrollo que los caracterizan.

Desempleo

La mayoría de los economistas buscarían explicar este fenómeno acudiendo al análisis tradicional de oferta y demanda del modelo neoclásico que explica que cuando el salario supera el valor necesario para vaciar el mercado, el número de personas dispuestas a ofrecer su trabajo excede el número que las empresas están dispuestas a emplear. El resultado es el desempleo con la consecuencia de que a mayor nivel de salario, mayor sería la tasa de desempleo.

LOS DATOS DE COLOMBIA

Como aproximación para verificar si las anteriores hipótesis referentes al salario mínimo se observan en Colombia, se realizó un análisis estadístico del comportamiento del salario mínimo real durante los últimos 15 años. Los resultados parecen confirmar los observados para el aumento del salario mínimo por Card y Krueger en los Estados Unidos y por Blanchard y Oswald en cuanto a la asociación de niveles bajos de salarios con altas tasas de desempleo.

Como puede observarse en el Gráfico No. 1 que se inserta a continuación, entre 1990 y 1999 cuando el salario mínimo disminuía en términos reales, la tasa de desempleo primero se mantiene y a partir de 1995 comienza una etapa ascendente, hasta duplicarse frente al nivel inicial. Nuevamente entre 1999 y 2005, mientras el salario mínimo real comienza a ascender, la tasa de desempleo inicia su descenso. En consecuencia, en la economía colombiana de los últimos 15 años, las estadísticas lejos de confirmar las predicciones del modelo neoclásico, las contradicen.

Finalmente, vale la pena mencionar un dato poco publicitado. Mientras el salario mínimo real ha perdido 4 puntos porcentuales de valor adquisitivo entre el año 1990 y el 2005, la tasa de desempleo ha experimentado un aumento del 39% lo que permite concluir que el freno en el salario mínimo no está correlacionado con un aumento en el empleo o, de manera precisa, con una disminución en el desempleo.

CONCLUSIONES

Los datos reseñados, tienden a poner en duda la aseveración de los economistas según la cual los aumentos del salario mínimo aumentan el desempleo. Por el contrario, las estadísticas expuestas apuntan a la hipótesis contraria, es decir, que más bien los bajos salarios contribuyen al desempleo. Dicha hipotesis deberá ser analizada econométricamente para determinar si se puede establecer algún tipo de causalidad entre estas dos variables. Con todo, la correlación establecida permite derivar unas conclusiones tentativas respecto de la política de salario mínimo.

Al respecto, se podría concluir que la política de aumento del salario mínimo para mantener, e incluso aumentar su nivel en términos reales, tiene un impacto económico positivo, pues no solamente aumenta la capacidad de consumo de la población ocupada, sino que puede, a la larga, tener un impacto favorable sobre el empleo.

EL NUEVO SIGLO, BOGOTA.

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