No revivamos nuestra historia

No revivamos nuestra historia

Por Clara López Obregón, especial para Kienyke.com

Por fin, después de 29 años de impunidad, el señor Miguel Narváez fue condenado por la justicia por el homicidio de Jaime Garzón, quien en sus personajes representaba la inconformidad social y política que se silenciaba con violencia. Con ello se confirma que el victimario que visitaba los campamentos de las autodefensas paramilitares predicando el asesinato de dirigentes de oposición, llegó a ocupar altos cargos como el de subdirector del DAS y asesor del Ministerio de Defensa, mientras avanzaba en Colombia el exterminio de la satanizada izquierda en cabeza de la Unión Patriótica, así como de miles de dirigentes sindicales y sociales y defensores de derechos humanos y que había cobrado la vida de cuatro candidatos presidenciales en la contienda de 1990 (Pardo Leal, Pizarro, Jaramillo y Galán). Frente a ese doloroso periodo, Colombia debe reclamar con las víctimas de todos los factores de violencia un contundente ¡Nunca más!

Pues bien. En medio de la consolidación del fin del conflicto con todas sus complejidades, pero también potencialidades de paz, nuevamente asoma su aliento nauseabundo la Hidra de mil cabezas que inspiró a las AUC y que trajo a la memoria la condena de Narváez.

La semana pasada circuló la enésima amenaza de muerte de las Águilas Negras. La nota distintiva del nuevo texto es que revela un proyecto político que revive el que propagaba Narváez entre los paramilitares y que consiste en contrarrestar el avance de la Coalición por la Paz que en conjunto obtuvo el 44% de la votación en cabeza de Gustavo Petro en la segunda vuelta presidencial. Preocupa mucho la declaratoria de objetivo militar de la oposición alternativa y democrática. También preocupa el silencio, el miedo y la indiferencia con que ésta ha sido recibida.

Otro síntoma preocupante apareció en Noticias UNO el fin de semana pasado cuando circularon amenazas en Tunja contra integrantes de la comunidad académica de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC). En la nota televisiva interpelan a Carlos Fajardo, un activista de las juventudes del Centro Democrático, sobre un audio divulgado, supuestamente por él, en un grupo de WhatsApp denominado “Espartanos.”

El audio es escalofriante: sugiere crear “una lista negra” para dar cumplimiento al planteamiento de la “solución final” para lo cual “hay que crear una especie de SS o Gestapo para empezar a exterminar a esos triple hp…s.” El joven dice que no es su voz, pero tampoco aparece el rechazo por ninguna parte. Recordemos que la solución final era el exterminio de los judíos ordenado por los Nazis y la SS y la Gestapo, sus crueles ejecutores. Nuevamente reina el silencio, el miedo y la indiferencia.

Estos síntomas de repetición de la historia de la violencia en Colombia se dan en el contexto del asesinato de 355 líderes sociales, sin que se haya podido poner coto a la matanza en marcha. Al nuevo Gobierno se le debe conceder un compás de espera, pero los actos de gobierno no parecen dirigidos a establecer una estrategia para reversar la situación que arrancó desde la concreción de los acuerdos de paz.

Para no repetir la historia del genocidio de la UP y poner freno al asesinato sistemático de los líderes sociales, como bien lo ha calificado el Procurador General, se debe poner freno a la intolerancia, el desprecio por la verdad y los insultos degradantes y deshumanizantes que se han apoderado del debate público. Urge pedagogía desde las alturas, pues discursos como el que opacó la posesión del presidente Duque alimentan la violencia y el desenfreno de factores armados e incultos que quieren sentirse empoderados por quienes ostentan posiciones de dirección en el Estado y la política.